Hermoso, hermoso, hermoso es contemplar la maravillosa naturaleza que se nos ha sido regalada con tanto amor. Es increíble ciertamente pensar en cada uno de los minúsculos detalles que adornan el día y la noche: cada paisaje y panorama perfeccionan la belleza natural del lugar en que vivimos. Es, sin duda, asombroso ver cómo empieza el día, el alba, y aunque no todos los amaneceres representan felicidad, pues debemos rescatar que fueron planeados cada suceso, cada instante, cada momento. Que espléndido es entonces contemplar un hermoso amanecer que nos ilumina de radiante luz nueva y a la vez misteriosa, que envuelve en sí el secreto de la vida, de la pureza. Cada vez que admiro un amanecer me siento en el cielo, en lo más alto, donde solo existe una inmensa tranquilidad que entona diariamente con el cantar de las aves. Me veo cautivado por la belleza que irradia, me veo atraído por su alto nivel de perfección y magnificencia: me llena saber que el mejor artista, Dios, que en su magistral imaginación pintó sobre el lienzo de este planeta su dulce creación.
Cautivante resulta pensar en lo sobrenatural que es cómo ÉL, en su poder y gloria, creo este paraíso llamado Tierra, en tan solo 6 días: nunca dejo a un lado ni el más mínimo detalle, como lo es el amanecer. Es éste el que nos muestra el telón de una obra maestra y nos invita a la inauguración del resultado del pasado, del presente crear, del futuro; futuro de un día lleno de experiencias inolvidables, marcadas en nuestros corazones, almas y espíritus. Definitivamente, de todas y cada una de las experiencias podemos aprender cosas grandes y gratas. ¡Que sublime reflexionar sobre el gran poder que se nos ve reflejado en nuestro diario andar: la naturaleza! Una de las cosas más rescatables en el transcurso del día, es, como dije antes, la obra maestra de un alba, de una aurora; aurora que brinda una nueva oportunidad de tomar retos e iniciativas, de cumplir sueños, de tener expectativas. Nos invita pues a exponer nuestro trabajo en la galería de arte celestial, donde se plasman recuerdos, experiencias, dolores, amores y olvidos.
Grato, digno es ver como aun en este mundo de maldad, se pueden apreciar y SENTIR este tipo de paisajes, de experiencias, de imaginaciones. Claro está que los humanos somos capaces de destruir múltiples cosas, pero hasta ahora (y espero que por la eternidad), no hemos descubierto la manera de derrocar aquel palacio del tiempo: nunca podremos jugar con los amaneceres, pues en su sublimidad, son inalcanzables y ante nuestros ojos solamente admirables, ricos como fuente de inspiración. Tesoro escondido bajo el Apocalipsis del día anterior, privilegio, regalo y sorpresa que ciegos matarían por contemplar. Magnifica esencia de bondad: ¿cuántos no darían su vida por encontrar un ínfimo momento de paz, un instante al empezar que los impulse a abandonar la desdicha y a encontrar felicidad en un nuevo comienzo? El tiempo transcurre rápidamente y casi nunca lo apreciamos: depende de nosotros aprovecharlo y admirar su infinita belleza. Un nuevo amanecer lo cambia todo, cambia corazones, cambia vidas.
disfruté de esa maravillosa contemplación; igualmente que la ultima foto que publicaste; ambas me dejan pensando y siento lo hermoso que es la vida cuando podemos insertarnos en la hermosura que nos rodea....seguire recreando esos paisajes que nos permiten alimentar el alma: Hermoso.