Hello! Aqui les dejo un cuento que escribí hace tiempo...hoy lo volví a leer y casi me dan ganas de pegarme un tiro porque tenía unas oraciones enormes así que trate de ajustarlo un poco. Erm..espero que les guste. Se apreciarán mucho sus comentarios. Whoosh!
Family Duty
Hoy ya no habría marcha atrás.
Durante semanas había retrasado la hora del encuentro, pero esta vez ya no podía presentarse ante el clan con otra excusa . Sabía que en el momento en el que su padre lo mirara a los ojos adivinaría en un instante que le faltaban las agallas para cumplir sus órdenes. Era por esa debilidad que percibía en él que su padre le había puesto una prueba tan sencilla y a la vez tan penosa de cumplir. Era débil, si, de lo contrario no se habría dejado llevar tantas veces por la inútil compasión.
Había escogido a su joven victima al azar y fríamente desde hacía mucho tiempo. Desde que la vio por primera vez supo que sería una digna compañera para toda la eternidad. Joven... bella, de seguro su familia se sentiría orgullosa al verle regresar con ella. Su madre jamás volvería a dudar de su capacidad para continuar con el legado paterno y sus hermanos se pondrían verdes de la envidia. Nada de esto, sin embargo, servía para apaciguar su conciencia.
A las nueve y unos minutos apareció la criatura en el balcón. Estaba cubierta toda de un lindo camisón de seda color lavanda, sus pies calzados con una sandalias de plata. El viento nocturno soplaba sobre sus hombros descubiertos, pero ella no hacía caso al frío mientras cepillaba sus tirabuzones dorados con sumo cuidado. La joven permaneció más rato que de costumbre mirando el firmamento y sonriéndole a la luna. Nuestro personaje, trató de no mirarla, pero aquello le resultaba imposible. Se agazapó bajo un arbusto, y permaneció allí sin emitir sonido alguno hasta que vio que la muchacha abandonaba el balcón.
Toda la casa estaba en penumbras, a excepción del leve destello que provenía del cuarto de la joven. Mientras esperaba un tiempo prudencial hasta que esta conciliará el sueño, su mente regresó a sus locas cavilaciones.Más de una vez había repasado en su mente la forma en la que irrumpiría en su sagrado aposento. ¿Se sorprendería acaso al verlo? O más bien, ¿la hallaría dormida placidamente, ignorando como un ángel ingenuo, el destino que tenía preparado para ella?
A la media noche, la luz continuaba encendida lo cual hizo que se impacientara. Con cuidado de no atraer atención indeseable, el muchacho trepó con agilidad por los bloques que sobresalían ligeramente de la pared junto al balcón y se dejo caer sobre este. Ocultándose detrás de la cortina exterior, deslizó suavemente la puerta del balcón y escuchó. Ninguna reacción. Sintiendo mayor confianza en si mismo, asomó la cabeza al interior del dormitorio y observó la cama por señales de algún movimiento de su joven víctima. No se movía.
Caminó hasta ella, las suelas de sus zapatos apenas haciendo contacto con el suelo de la habitación. A la luz del elaborado candil que descansaba junto a la mesa de noche, vio a la joven dormida profundamente.Estaba cubierta hasta el vientre con una sábana blanca como la nieve y los cabellos dorados yacían desparramados sobre la almohada. Pero lo más perturbador era su rostro: en el continuaba dibujada la pequeña sonrisa que tanto le perturbaba.
El muchacho colocó sus dedos a los lados de la barbilla de la chica y volteó suavemente su cabeza para dejar el cuello expuesto en su posición más vulnerable. Allí, bajo la tersa piel corría el pulso de su vida, ese líquido ahora maldito que la condenaría a vagar la tierra para siempre. El muchacho se inclinó hacia ella y beso su cuello con la que delicadeza con la que se trataría a la más fina porcelana, mientras inhalaba con lujuria el aroma de vainilla que provenía de sus cabellos. Estaba aterrorizado de que un mayor contacto despertará a su presa- de repente sus labios le parecían más apetecibles que su sangre- pero ahora estaba deseoso de clavarle los colmillos y beber de ella hasta drenar todo el color de sus mejillas...
Un suspiro casi imperceptible lo hizo despertar de su ardiente ensueño y sintiéndose súbitamente repugnado por sus impulsos, se apartó de la muchacha, cerrando los ojos para frenar las sensaciones que le invadían. Tras unos instantes, volvió a alzar la mirada hacia su victima, solo para encontrar a un par de zafiros empañados por lágrimas de terror. Había fallado miserablemente.
La muchacha sostenía una cruz con manos temblorosas cerca de su pecho y parecía dispuesta a gritar si se atrevía a acercársele un centímetro más. Motivado más por la pasión que por cualquier otro sentimiento, abrió la boca con la intención de decirle que era mejor ser inmortal y que él la amaría hasta la eternidad; sin embargo, algo lo detuvo. Un destello, un anillo de oro con un cristal preciosísimo adornaba la mano derecha de la joven humana.
Un anillo…
Con una risita amarga se alejó hasta la puerta del balcón y tras mirar a la muchacha una última vez, se inclinó levemente hacia ella en un gesto cordial y saltó al jardín. El sonido de las sandalias plateadas le siguió por unos segundos, pero el hijo de la oscuridad no miró hacia atrás y desapareció rápido entre las sombras.No podía, simplemente no podía; acababa de ser víctima de la compasión una vez más.
*FIN*