Mirando a través de las ventanas del tren sólo diviso obscuridad. Es lógico, la estación de mi ciudad está bajo tierra. Pienso que paso por debajo de las casas de mis vecinos y que muchos de ellos aún duermen, y sueñan sus sueños imposibles que irremediablemente se perderán cuando despierten.
Salgo del túnel. El amanecer empieza a dar su luz entre un cielo misterioso. La luz es todavía débil y no se pueden distinguir unos objetos de otros. La conciencia, semiinconsciente, está entre dos realidades, entre dos mundos, el de lo posible y el de lo imposible. Se cuelan pensamientos permitidos y no permitidos. Afloran sentimientos que no deberían sentirse o deberían sentirse, pero no queremos sentirlos porque nos dan miedo.
Cuenta la leyenda que al amanecer todos los humanos somos más libre que nunca. Nuestra conciencia no tiene a nadie que le dicte si lo que sentimos está bien o mal. Nuestros ángeles de la guarda descansan sobre los tejados de las ciudades, sobre los árboles, sobre los montes, sobre los lugares más altos de la tierra. Escuchan música. Dicen que los humanos también podemos escucharla. No todos. Sólo los que aman demasiado la vida. Sólo los que, simplemente, aman demasiado.
La luz inunda ya el vagón. La realidad nos domina completamente. Quién quiere tanta realidad. Es demasiado dura y prefiero seguir soñando. No puedo seguir soñando pero en la lucidez encuentro una alegría: al final del trayecto viene el encuentro.
FIN DEL RELATO.
El siguiente usuario le dice Gracias a XILEF por este útil post:
bueno esta bastante interesante tu relato, e impresionante la forma de expresarte, sabes lo que mas me gusta de tus poemas, es que siempre esta el amor presente en ellos.
saluitos,
El siguiente usuario le dice Gracias a mar_quintanar por este útil post:
EL TREN DE CERCANIAS
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Cuenta la leyenda que al amanecer todos los humanos somos más libre que nunca. Nuestra conciencia no tiene a nadie que le dicte si lo que sentimos está bien o mal. Nuestros ángeles de la guarda descansan sobre los tejados de las ciudades, sobre los árboles, sobre los montes, sobre los lugares más altos de la tierra. Escuchan música. Dicen que los humanos también podemos escucharla. No todos. Sólo los que aman demasiado la vida. Sólo los que, simplemente, aman demasiado.
Qué buen relato, es ese pensamiento, reflexión que tenemos en momentos donde nos abandonamos a nosotros mismos... en un tren, el la parada del autobús, en el mismo, caminando o en cualquier lugar, que nos lleve a comparar la vida a lo que nos detiene en ese momento... y siempre al desperter, reaccionar, movernos... quedamos con la sensación de mas, de querer seguir allí... pero la realidad es una...
Meditando en tus líneas...
Salu2
El siguiente usuario le dice Gracias a lexmi por este útil post: