Despues de algunos minutos de maldecir mi suerte por no haber llegado a tiempo para inscribirme (ya que pense que me llegaria algun mensaje cuando se reabriera el concurso) me encuentro conque aun se puede, cosa que me alegra mucho.
Por mi parte participare en esta edicion, espero no estar oxidado, saludos Gaske, Fernando y a los participantes
Los siguientes 2 usuarios le dicen Gracias a Xzero por este útil post:
gracias fer, y como voy a estar un tiempo ausente, aca dejo ya el mio.
saludos y hasta la vista..
HASTA LA VISTA ROMEO
Despertó sin abrir los ojos, como quien sabe que tiene que hacerlo, pero no encuentra las fuerzas. Despertó, pero siguió inmóvil, esperando a que su cuerpo despertara igualmente. Despertó, pero su mente aún estaba confusa. Y estando así despierto, abrió los ojos.
En unos instantes las difusas imágenes frente a sus ojos fueron tomando forma. La lámpara de techo estaba justo sobre su cabeza, nunca le había gustado esa cosa, pero tampoco tenían tanto dinero como para estar buscado comprar cosas nuevas, al menos todavía funcionaba bien. Solo entonces se dio cuenta de que estaba en el suelo de la sala, porque era allí donde estaba ese armatoste, trató de ponerse de pie, pero no pudo, de hecho, apenas alcanzó a levantar la cabeza unos centímetros. Pero eso fue suficiente para desatar toda la cascada de sensaciones que habían estado tocando a las puertas de su inconsciente, la presión en el pecho, la falta de aire, el entumecimiento de sus brazos y piernas, la humedad, y el dolor. Trató de gritar, pero una vez más se horrorizó al descubrir que su cuerpo se negaba a responder a los mandatos de su mente.
Descubrió pronto que el dolor desaparecía lentamente, pero que el peso sobre su pecho, se hacia peor con cada bocanada de aire. Se concentró entonces en tratar de separar las sensaciones para poder entender mejor su situación. Aunque le dolían varias partes del cuerpo, le pareció que la mayoría de ellas eran fácilmente explicables por una caída o por permanecer demasiado tiempo inconciente en la misma posición. La presión en el pecho y la falta de aire parecían responder a la misma causa, talvez un golpe fuerte, podía tener alguna costilla rota, o algo peor. Entonces entendió porque se sentía húmedo y cansado, estaba sangrando, y era muy posible que hubiera perdido ya una gran cantidad de sangre. Tuvo miedo, supo que corría peligro, que posiblemente estuviera muriendo, y descubrió con horror que estaba atrapado, conciente en un cuerpo moribundo. Enterrado vivo en la sala de su propio apartamento. Y buscó en sus recuerdos la razón de sus desgracias.
Recordó una pelea, aunque las imágenes le llegaban entrelazadas; habían discutido tantas veces en los últimos años. Al principio todo había sido maravilloso, pero con el paso de los años las relaciones entre los dos se fueron haciendo más violentas, ya no recordaba la primera vez que le había pegado, pero si recordaba perfectamente lo mal que se había sentido después. Se fue a un bar a emborracharse, y en el camino de vuelta se sentó en la calle a llorar. Llegó a la casa a las 4 de la mañana, y entre lágrimas y perdones, se reconciliaron, al fin y al cabo, se amaban. Juró que no volvería a pasar, y repitió esa promesa al final de cada ciclo de pelea y reconciliación. Pero la culpable siempre era ella, si la muy estúpida hiciera lo que tenía que hacer, él no tendría que pegarle. En un final, él también sufría al ver las marcas en el cuerpo de ella. Además nada le molestaba más que el que ella no se defendiera… y entonces recordó.
Cuando regresó del trabajo descubrió las maletas en el pasillo, la encontró en el cuarto metiendo apresurada algunas cosas en un bolso pequeño. Ella tembló de pies a cabeza cuando lo vio en la puerta. No respondió a las preguntas que él le hacía, ¿como hacerlo sin enfurecerlo aún más? Agarrando con una mano el bolso se lanzó a la puerta, pero solo llegó a la sala y entonces el golpe por la espalda la proyectó contra la pequeña mesa de la esquina, y la madera se fracturó bajo su peso. Pero cuando se puso en pie tenía en la mano una pequeña pistola que seguramente estaba dentro del bolso. La mano temblorosa apuntó hacia él, mientras ella suplicaba que la dejara irse, pero él no se detuvo, caminó paso a paso hacia ella y le arrebató el arma con un rápido movimiento. Recordó la ira, la rabia que le llenó el cuerpo en ese momento, recordó como la descargó en cada puñetazo, en cada patada, y recordó, recordó como luego del último golpe se abalanzó sobre ella y ella lo recibió con la pata partida de la pequeña mesa en la mano. Recordó el dolor de la carne traspasada por la madera, y comprendió.
Eso había pasado por la tarde, pero ya debía de haber transcurrido mucho tiempo desde entonces, y sin embargo nadie había venido a ayudarlo. Ella debió irse, pero sin dudas había llamado una ambulancia. No sería capaz de dejarlo tirado desangrándose. Al final ellos se amaban, y ella sabía que él siempre la perdonaría; él la amaba tanto. Que se haría ella si él moría, no importa lo que ella pensara, el sabía que ella nunca podría, vivir sin él.
Esperó entonces, en cualquier momento la ayuda llegaría, y ella llegaría con la ayuda. En varias ocasiones estuvo seguro de sentir pasos acelerados afuera, y espero en vano escuchar la puerta abrirse, nadie llegaba, y el tiempo se agotaba, cada vez le costaba más tomar la bocanada de aire, cada vez le costaba más mantenerse despierto, y sabía que dormir equivalía a la muerte. Trató de mirar el reloj, pero desde su posición no alcanzaba a verlo, si tan solo pudiera girar la cabeza un poco. Se preguntó entonces si realmente ella había intentado matarlo, si en un final lo había dado por muerto; pero no, ella lo amaba demasiado, nunca podría dejarlo. Si tan solo pudiera mirar el reloj, el ver el tiempo pasar podría ayudarlo a resistir hasta que ella regresara. Un esfuerzo, un muy doloroso esfuerzo, y la gravedad hizo el resto, alcanzó a ver el reloj, habían pasado más de diez horas, pero más que nunca supo que la ayuda nunca llegaría. Estaba seguro de que ella lo amaba, lo amaba tanto como para que al pensar que lo había matado, se había suicidado, se había pegado un tiro, y yacía a su lado, con los ojos mirándolo fijamente, y la pistola aún en las manos. Entonces se sintió tranquilo, ella estaba bien, no se quedaba sola, él la acompañaría muy pronto. Y quizá cuando los encontraran pensarían que los había matado el odio, pero él sabía que no era cierto, ellos habían muerto, como Romeo y Julieta, por amor.
Los siguientes 4 usuarios le dicen Gracias a adxenim por este útil post:
Me llamo Santiago, pero aquí me dicen Pelón, hace tres años que llegué. Mi familia me presionaba demasiado y un buen día exploté, no aguanté más; pero después de todo, era lo que ellos querían. Supongo que donde estén se sentirán orgullosos de mí.
Nací en el pueblo de Santos, donde de santidad no hay nada. Somos conocidos como la peor gente del país, mi familia no era la excepción.
Mi abuela paterna a sus setenta y cinco años, se jactaba de haberse cargado a veinticinco tipos. Su meta era llegar a los treinta antes de morir. Recuerdo escucharla en la cocina diciendo: “En mi casa cuando mis hermanos y yo queríamos matar a alguien, primero lo invitábamos a venir, luego lo hacíamos pasar al patio y allí lo encerrábamos hasta que muriera de hambre. Lo amordazábamos, claro, para que no hiciera escándalo. Otras veces, si nos aburríamos porque demoraba mucho, lo hacíamos tragar un plato con veneno. Después lo echábamos al río.”
Nunca descubrieron las andanzas de mi abuela, ni de ningún otro de los de la casa. Aunque mis padres tenían cifras más modestas en cuanto a sus víctimas: Papá llevaba quince y mi madre once. No sé bien de dónde le salió a mi familia esto de matar por hobbie, pero tampoco me parecía algo extraño. Era como en otras casas, donde todos los parientes son músicos o deportistas y se sientan a la mesa a comentar sus avances; de esa forma, en la mía se hablaba sin reservas de los homicidios cometidos. “Mucho cuidadito, Santiago, con lo que cuentas en la calle”, me decía mi padre, con esa manera que tenía de decir las cosas mientras me miraba fijo a los ojos. Eso bastaba, siempre mantuve la boca cerrada.
En ese tiempo, mi hermano menor aún era muy chico. Apenas sabía hablar, pero ya había matado tres gatos. Esperaba a encontrarlos dormidos y les rompía la crisma con los zapatos de tacón de mamá. Todos lo aplaudían, mi padre hasta lo grabó en video. Luego les tocaba limpiar todo el desastre de sangre que dejaba el Nene, pero lo hacían con una sonrisa en la boca.
Yo tenía doce años y no, no había matado a nadie. El asunto comenzó a preocuparlos a todos, especialmente cuando el Nene empezó a hacer de las suyas con las mascotas. Varias veces los escuchaba cuchichear en las noches “¿A ti no te parece que ya es hora que Santiago...? porque fíjate que ya el Nene...”
Una tarde mi padre volvió del trabajo trayendo una tortuga “pensé que podrías empezar por algo pequeño”, seguidamente me dio un martillo y un cuchillo de carne, para que escogiera. La tortuga era más chica que mi mano y de un color verde muy bonito. Supe que no iba a poder hacerlo:
“No voy a matar animales, eso es para bebés”, le dije a mi padre, quien se fue maldiciendo mientras repetía que él cuando tenía mi edad ya había asesinado a su maestra de piano y a un primo tercero.
Mi abuela en cambio, trataba de sugerirme posibles víctimas: “¿Te acuerdas del nieto de Martínez? El otro día lo escuché diciendo que eras una mujercita”. Una vez incluso llegó a decirme: “¿no te parece que tu hermano chilla demasiado y no te deja estudiar en paz?”.
Por otra parte, mi madre se culpaba y no paraba de llorar, hablaba de todos sus sueños en los que yo me convertía en el peor asesino serial de la nación. El Nene me miraba y sonreía burlón. Yo podría haber soportado todo lo demás, pero ver a mi hermanito mofándose de mí, me volvió loco.
Esperé la hora del almuerzo y cuando todos se distrajeron viendo al Nene que acababa de decapitar un canario con su boca, eché veneno de ratas en la sopa. Todos comieron en silencio y sin resistencia. En una familia de asesinos, esas cosas se saben. Yo sé que ellos estaban conscientes de su destino, pero no les importó morir en cuanto se dieron cuenta que yo era uno de ellos.
Me quedé en mi habitación jugando con mi tortuga hasta el día que llegó la policía.
Los siguientes 6 usuarios le dicen Gracias a Diez 2.0 por este útil post:
si ya con 2 se ve reñida la participación, cuando lleguen los demás... ufff... Fernando tendremos trabajo... jejeje
Bueno aprovecharé el minuto para leer los ya publicados esperando los demás... que vayan cambiando o no mi opinión...
Salu2
*Editado*
1.- Adxenim: tu relato definitivamente traspasa mi piel... imaginé cada detalle, cada momento... experimenté esa sensación de que va faltando el aire... y finalmente, aliviada por pensar en Julieta... "tanto será el amor escrito con insensatez, que te hace suponer que todo se justifica pensando que es por amor"...
Muy bueno, muy bueno...
*Editado*
2. Diez 2.0, realmente tu relato me dejó anonadada, realmente al comenzar a leer no supuse nada de lo que venía a continuación, pensé que todo era historia de abuelas y otros para impresionar, pero wow... sorpresa una familia de asesinos y con sueños de superación entre ellos...
me gustó, me gustó...
Los siguientes 2 usuarios le dicen Gracias a lexmi por este útil post:
Bueno, volví. Y veo que esto está muy animado ¡estupendo!
Como nadie se opone, ahora mismo voy a editar las normas para especificar que mientras dure el plazo de publicación cualquier user puede sumarse al concurso.