Amores del todo a cien
Se conocieron en una discoteca, con gente bien que bailaba mientras un demente les contaba por los altavoces que había pasado "toda la noche haciendo el amor". Él le había preguntado de forma muy sencilla cómo se llamaba, no sin hacer antes las comprobaciones de correspondencia visual. Tenía bien aprendido que las artes previas al amor son más importantes que el amor mismo. Y digo amor, porque de eso se trataba. Después de dos horas de charla, se dieron cuenta de que las coincidencias no eran casualidades, y pareció buena idea que ella anotara el teléfono de él. A la tercera hora, ya se querían. Media hora más, y se amaban, de palabra, de lengua y de mutuas babas compartidas.
Fueron a su casa, la de él, y allí se desnudaron y le acarició su piel, a ella, y fornicaron hasta que su cuerpo, el de él, no dio más de sí. Y ambos durmieron el sexo y la borrachera guardados tan sólo por una camiseta con manchas del cubata de algún gilipollas y un tanga negro olvidado en algún momento de la pasión. Todo ello en un montoncito lujurioso muy desordenado al pie de la cama.
Al día siguiente, ella ya no estaba, y era muy tarde. A la semana siguiente, tampoco estuvo ella. No llamó, no volvió a saber nada. El sábado siguiente, ni siquiera se cruzaron en los lugares por los que supuestamente coincidían, según lo hablado. Pero tampoco importó demasiado, porque él ya se había acercado a una chica de cara muy linda y pelo liso. Le dijo sencillamente "hola, cómo te va", y comenzaron a charlar. En media hora se contaron lo fundamental para saber quién era quién. En hora y media, descubrieron que se atraían. En dos horas, comprendieron que estaban hechos el uno para el otro...
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