Tu cuerpo
Navegué sin cordura por el mar de tu cuerpo,
alenté mi mirada con la fábula de tu cuerpo,
dí gracias al amor por premiarme con tu belleza,
rezé sin religión y anduve sin carretera.
Coincidimos en la cama una noche y nos amamos,
nos besamos, nos forjamos, nos fundimos como el hierro,
tú con tu cuerpo exacto, yo con todo mi esmero,
tú con tu busto ansiado, yo como tonto anclado.
Y qué decir de tus besos, esos que me gimieron,
al oído una voz de cordura y desasociego,
mas allá de tu lamentos por sufrir la maravilla,
confesabas un te quiero con mis labios en tus cuerpo.
Pues tu cuerpo, tu hermoso cuerpo, los encajes de tu cuerpo,
el bordado fino y perfecto con que se creó tu piel,
aquella carne madura inmaculada sobre toda idea,
se lleva el preciso recuerdo que desea reencarnar.
Es tu cuerpo, hechiza tu cuerpo y a la vez tu locura,
el desenfreno de tus manos mientras vibra tu cintura,
con tus brazos alargados, sobre mí cual amazonas,
te soltastes de tus penas como auténtica mujer.
No paramos ni un segundo en esa noche de impaciencia,
nos latía el corazón con la prisa y con la fuerza,
pues tu cuerpo aguanta todo, todo fuego de cordura,
la escafandra deliciosa que protege del infierno.
Pues sudados coincidimos un agobio de pasión,
con tu cuerpo sobre el mío y el mío sobre el tuyo,
líberamos la sábana y nos dormimos los dos,
mas tu cuerpo estaba y yo abrazado a él no podía dormir.
(Velé por tu sueño, despedí tu cuerpo y al amanecer,
con lágrimas en los ojos me largué.)
victor vituá.
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