Decir adiós.
Duele decirse adiós sin mencionar una palabra,
creyendo que es injusto maltratar a quien te ama,
cometes equivocado un pecado por tu ignorancia,
al marchar sin que ella sepa que te largas de su cama.
Duele decirse adiós aún sabiendo que dolerá peor,
cuando caigan las estepas y recorras las estrellas,
dejando un enemigo en los días de tu ayer,
no se sufre por la conciencia cuando hay ganas de volver.
Las personas que han sufrido se preparan contra todo,
porque todo cae junto y a cualquiera de nosotros,
sólo las heridas dejan cicatrices en un mapa de vivencias,
en la piel quedan las huellas, en el ser las consecuencias.
El síntoma de quien sufre se nota en su mirada,
tras el cristal de su ventana encallan los rencores,
divagando por las calles bajo un cielo que atormenta,
duele tanto decirse adiós que hasta pronto es mejor idea.
Y te alejas y te alejas, el horizonte borra tu tierra,
en su cuerpo no encontraste amor sino cierta complacencia,
atiborrado por grotescas formas de hacerte fiel,
incortés disímiles veces por la impericia de tu querer.
Insigne en un alma pura te puedes hallar un día,
y luego ser imberbe al creerte inmaculado,
suplicandole al destino que no sea un mal amigo,
nadie quiere para sí el mal que ha repartido.
Duele decirse adiós sin mencionar una palabra,
creyendo que siendo mudo te cambias tu imagen falsa,
ilustrado en un lienzo de incomprensible abstracción,
te dibuja con punta fina un pincel de desolación.
victor vituá.
|