Este es un cuento no escrito en su totalidad por mí. Es parte de un ejercicio escolar, el final (escrito en "negrita") es de Ireland. Ojo con las críticas que duelen

por más constructivas que sean.
El Misterio de la mansión Ireland
Una gris mañana de invierno, el señor Máximo recibió una carta donde se le informaba que un tío lejano había muerto unas horas atrás, y que su casa ahora le pertenecía. Sin mediar el tiempo acomodó sus escasas pertenencias y subió a su auto tomando la carretera que lo conduciría al lugar.
Recorrió varios kilómetros por la ruta 5 hasta llegar a un puente sostenido sólo por unas cadenas oxidadas. Lo cruzó cautelosa pero no lentamente, quería llegar de día. Tomó un viejo sendero que lo conduciría rápidamente hacia su nueva casa.
El sol había desaparecido detrás de la espesa niebla escarlata. Estacionó el auto mientras admiraba la inmensidad de la mansión Ireland y, pensando en lo fácil que debía ser perderse dentro del edificio, llegó a trastabilladas hasta la gastada puerta de algarrobo. Un escalofrío recorrió su cuerpo, y en el momento en que se disponía a abrir la puerta, ésta se abrió.
-Buenas noches- lo saludó una voz desde el interior de la casa- Usted debe ser el señor Máximo, el sobrino del amo, el nuevo amo. Soy el ama de llaves de la mansión Ireland, encantada de conocerlo.- dijo el misterioso habitante, mientras abría la puerta de par en par, y la luz de la luna descubría el joven y pálido rostro de una mujer.
La muchacha calló un instante, esperando que Máximo dijera algo.
-Oh, sí, buenas noches- dijo tímidamente y todavía sorprendido-, sepa disculpar mis modales, no esperaba ver gente en la casa. Siempre creí que mi tío vivía sólo.
-Yo, en cambio, estaba esperándolo- Puede pasar, si así lo desea.
-Gracias.
El piso de madera rechinaba con los pasos de Máximo. Por alguna razón, la mujer lo ponía incómodo. Su rostro demacrado mostraba rastros de peleas y maltratos, y sus ojos nostalgia y tristeza.
-Siéntese- ofreció el ama de llaves, señalando con la cabeza los sillones de la sala.
-Agradezco su amabilidad, pero preferiría explorar la casa.
-Como usted guste. Por aquí.-
Ella caminaba con pasos acelerados, pero el suelo no crujía bajo sus pies. Máximo revisaba habitación tras habitación, cada vez más sorprendido por el desorden y la suciedad. La mansión estaba repleta de libros y otros objetos de gran valor histórico. Retratos, bustos, diademas... todos ellos debían tener por lo menos un siglo de antigüedad. Su excitación aumentaba y guiaba sus pasos. Un relicario le llamó la atención, era dorado, con una “I” carmesí grabada en su exterior, y la foto de una muchacha joven en su interior. Se parecía bastante al ama de llaves, salvo por la expresión de su rostro, que en la foto era alegre y jovial.
-¿Qué es esto?- susurró, mientras lo recogía.
Por un instante, le pareció ver un gesto de desesperación en la muchacha. Un torrente de ideas y ocurrencias inundó su mente, pero lo abandonaron luego.
-Era de mi bisabuela, se lo regalaron los antepasados del señor Ireland.
Por alguna razón, no le creía.
Siguieron caminando, hasta llegar al ala oeste de la casa.
-El amo no me permitía permanecer en esta parte de la mansión, asi que…
-No, continuemos- le dijo Máximo, arrastrado por la curiosidad
Llegaron hasta una inmensa puerta de bronce, con adornos grabados. Distinguió entre ellos una letra “I” carmesí, pero no le prestó demasiada atención.
-¡Que maravilla!- dijo el nuevo propietario del lugar mientras la atravesaba-¡Vamos!
-¡Qué extraño!-dijo la muchacha, avanzando cautelosamente-¡Qué puerta mas pesada!- la tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.
-¡Dios mío!-dijo el hombre. La ansiedad, la curiosidad, y un remolino de sensaciones se habían apoderado de él segundos atrás, pero ahora reinaba en él la desesperación
-, me parece que no tiene picaporte del lado de adentro ¡Cómo nos han encerrado a los dos!
-A los dos no, a uno sólo- dijo la muchacha.
Pasó a través de la puerta y desapareció.